martes, diciembre 01, 2009

La duda...



Bárbara Cifuentes, trabajaba en un mall de la capital, todos los días se levantaba a las 7:00 de la mañana tomaba un té y salía a tomar la micro que la dejaba puntualmente a las 9:45 en frente de su trabajo, compraba el diario en el kiosco y caminaba lentamente a la tienda, la abría limpiaba y comenzaba a atender público, su jefa la ayudaba un poco y así pasaban todos los días de su vida.
Una noche Bárbara Cifuentes salió de su trabajo como era habitual a las 10:30, caminó por Av. Kennedy muy lentamente, en la esquina con Vespucio paro, miro los autos y algunas personas que pasaban por su alrededor, respiro profundamente tomo su celular pensó en llamar a algún amigo para hacer algo pero se arrepintió, continuo caminando por Vespucio, pensando en que no tenía nada importante que hacer, al día siguiente solo vería una película y ese sería su día, se sintió vacía y sin sentido, al caminar y mirar el cielo descubrió que no quería continuar viviendo.
Llego a su casa, prendió la TV miro por un rato una serie yanky y después busco en google “como suicidarse” habían variadas sugerencias incluso algunas muy atractivas que sugerían que no sentiría dolor, pero después pensó que como no sentía nada, quizás sería más atractivo sentir dolor. Se dijo a sí misma – hace mucho que no siento nada, quizás sería un buen recuerdo de este mundo sentir dolor- así que descarto la jeringa con aire, las pastillas y considero seriamente cortarse el cuello, tirarse al tren, electrocutarse y un montón de sugerencias un poco más dolorosas.
Al pasar el rato y leer variadas artículos, planeo cómo lo haría, en un día le tocaría libre en su trabajo, entonces lo haría la próxima noche, así nadie la podría encontrar antes de que su jefa la extrañará y la llamará, pensó en lo genial que sería del lado de los muertos, las personas geniales que habían allá y se entusiasmo un poco más con la idea.
Se miro al espejo quizás buscando algo que le digiera no hacerlo, vio su cuerpo desnudo y poco atractivo para ella, su cara, su pelo, su piel todo tan horrible para ella y para el mundo… recordó que no había hecho el amor jamás, y que sólo un hombre la había besado en la vida, Luís Burgos compañero de 3º medio, y ya era tantos años que casi no contaba.
Al día siguiente se levanto como todos los días a las 7:00 de la mañana, llegó al trabajo y atendió gente todo el día, quizás en el fondo de su corazón anhelaba que algo la detuviera, al caminar por Kenedy y mirar los autos recordó que nada podría detenerla porque ella no le importaba a nadie, al llegar a Vespucio comprendió que era una basura y debía hacer con ella lo que se hace con la basura, botarla.
Cuando iba a tomar la micro sonó su celular era su mejor amiga: Margarita Cañulef que le dijo: -esta noche te tengo una sorpresa
-¿cuál?
-vamos a ir a bailar
-uf Margarita, no puedo tengo cosas que hacer
-pucha, pero vamos es en un lugar muy rico y comemos unas tablas
-no, esta noche no, estoy muy cansada y la verdad tengo sueño.
-bueno está bien, nos vemos entonces
-si nos vemos en dos días
-¿por qué dos días?
-ahí te llamo
-ya chao
-chao
Cuando iba en la micro pensó lo buena amiga que era Margarita, quizás ella si sentiría su muerte y sintió un poco de satisfacción en eso, finalmente recordó que nunca ella le había dado una preocupación a su amiga y que ella así la recordaría por siempre.
Al llegar a su casa, lleno la tina con agua tibia, se pregunto si dejaba o no una carta de despedida, pero creyó que era muy triste y alguien quedaría con cargo de conciencia, mejor no así tendría misterio y sería más cuestionado.
Cuando ya la tina estaba lista prendió el secador de pelo, lo miro, se miro en el espejo, pensó que se veía bonita como hace años no se veía, algo brillaba a su al redor… se pregunto por primera vez si iría al infierno, pensó que si Dios existía habría hecho algo para detenerla, pero ¿Por qué se veía bonita? El cuerpo no parecía tan gordo, la cara le brillaba, los ojos tenían alegría, la piel era joven – nunca me había visto así- se dijo a sí misma, y tenía que serlo ahora que moriré, se fijo en qué fecha era: 27 de junio, -es invierno y no siento frió-.
Miro el agua que se movía, y dudo.