Cada mañana al salir al mundo y recorrer las calles de Santiago rellenadas con hermosos ciruelos llenos de sus bellas flores pequeñas me hacen desvariar entre lo pasado y lo presente, entro lo real y lo imaginario.
Todo pasa en época de ciruelos en flor, el amor rodea el aire y las promesas se hacen carne.
Bajo un ciruelo en flor el amor toca a mi puerta, en distintas formas, colores y olores, con matices de presente, pasado y futuro... de una forma mágica y onírica... sublime momento eterno en mi corta vida que refriega la sentencia que señala que soy una persona afortunada.
Tengo fortuna de mirarte paso a paso
Tengo fortuna de tenerte cada instante
Fortuna de abrazarte para no dejarte
Fortuna de llevar un anillo conmigo
Fortuna de comprender aquello que se fue

No hay comentarios.:
Publicar un comentario