Podría escribir sobre lo que me ha pasado, pero en esta oportunidad escribiré sobre lo que nunca me pasó y desee que sucediera. Entonces lo que hoy escribiré será una ucronía.
Todas las mañanas me despertaba con beso en la frente, me decía: “buen día, tienes que ir a estudiar” me iba a dejar al colegio y por las tardes me ayudaba con mis tareas.
Algunos días sábado salíamos a la montaña y me contaba historias sobre sus múltiples viajes por el norte de Chile, luego prendíamos una fogata y cantábamos canciones hasta que quedábamos sin aliento.
Me enseño a andar en bicicleta, a leer y más adelante me enseño a manejar.
Peleábamos porque a veces no me dejaba hacer lo que quería, discutíamos por formas de pensamiento, siempre creí que era muy retrogrado, pero lo más importante era que siempre en el fondo de sus ojos podía ver su amor por mí, que no variaba aunque no nos miráramos.
Recuerdo que mi primer baile fue con él, y cuando me rompieron el corazón por primera vez sus brazos me consolaron…
Lo vi trabajar por mí, cada día llego con algo por la tarde, un dulce o chocolate, y cada navidad preparaba una linda cena.
Sus palabras para mí siempre fueron, “hija no te rindas” “hija yo te amo” “hija yo te acepto” …
Los domingos por la tarde se sentaba en si sillón y miraba el horizonte y me animaba a lograr cualquier sueño que tuviera.
Me encantaba escucharlo hablar porque era un hombre experimentado.
Para su cumpleaños siempre me preocupe de hacerle un regalo, el regalo más especial que pudiera darle y para su día le componía una canción… lo mejor, sin duda eran los días de lluvia porque hacia frio y tomábamos una taza de té y jugábamos cartas o dominó.
Al proyectar mi vida, sólo quería encontrar para mí, un hombre como él, como mi papá.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario