Aprieto el papel en mis manos,
una y otra vez:
lo arrugo,
lo retuerzo,
lo niego,
lo aplasto…
ya nada puede leerse claramente, lo he manchando con mi sangre, mientras lo minimizaba con mis dedos,
lo suelto, lo boto… lavo mis manos, retomo el día…
Y cae la noche, pienso en Aquel, me siento lejana y amarga
Y me pregunto ¿qué está sucediendo?
